Isla de Mozia

Siguiendo la via de la Sale, la ruta que recorre la reserva natural de las salinas que siguen la S21 entre Trápani y Marsala, alcanzamos Mozia o la Isla de San Pantaleo, o mejor dicho, el punto desde donde divisamos la isla. Es un entorno inolvidable, donde la puesta de sol con los molinos de sal representa una postal digna de disfrutarla.

La antigua calzada romana que conectaba la isla con la costa siciliana está hoy sumergida, si bien hasta principios del siglo XX estuvo en uso, y por ella circulaban las carretas que llegaban a Mozia.

Colonia fenicia, esta pequeña islita ya comenzó a ser importante en la Antigüedad, por sus apreciados viñedos, pero fueron los fenicios quienes enclavaron una colonia estratégica en Mozia en el siglo VIII a. C.

El historiador clásico Diodoro Siculo narraba que en Mozia había fastuosos palacios, de los que sólo queda imaginarse su forma ya que los Siracusanos destruyeron la ciudad en el 397 a. C. Las tropas de Dionisio el Viejo entraron a sangre y fuego y la población fue masacrada.

Uno de los tesoros visitables es el mosaico de pavimento de piedra blanca y negra que representa lucha de animales como un toro, un león o un animal mitológico como el grifo.. Los ritos de sacrificios estaban a la orden del día según los historiadores, que se basan en la existencia de un recinto sagrado (Tophet) y en multitud de ánforas donde se han hallado cenizas de animales y posiblemente de niños entregados en sacrificio a la diosa Tanit.

A finales del siglo XIX, Giuseppe Whitaker, hijo del comerciante inglés Jhon que había hecho famoso el vino Marsala, compró la isla, ejerciendo de mecenas en las excavaciones que sacaron a la luz los restos fenicios. En la que fue su casa de residencia, se halla el museo donde se exponen las principales piezas halladas.

El recinto arqueológico de la ciudad fenicia es uno de los mejor conservados de la civilización púnica, y junto al museo Whitaker y la Casa de los Mosaicos, nos sumerge en un apasionante retorno a la época pre-romana, custodiado por la fundación homónica del mecenas, que vela por la difusión y cuidado del patrimonio de Mozia.

Entre los restos excavados apareció en 1979 una imponente escultura conocida como el Giovane di Mozia (siglo V a. C.), de la que no se conservan los brazos, pero cuyo torso atlético perfectamente dibujado y su túnica ceñida hablan de la calidad de los maestros escultores.

Merece la pena bordear la isla para luego atravesarla volviendo al punto de partida, descubriendo algunas de las zonas de la ciudad intramuros, como el cothon, una especie de piscina conectada con el mar, cuyo uso es aún muy discutido.

Como llegar a Mozia

La única forma de visitar Mozia es mediante los botes que salen del embarcadero de la salina Ettore Infersa. Otra opción es ver la isla con una excursión en catamarán (si te interesa puedes contactar con nosotros).

Embarcadero a Mozia
Embarcadero a Mozia