Selinunte

Selinunte, en la provincia de Trapani, en la costa sudoeste de Sicilia, es uno de los enclaves arqueológicos más destacados del Mediterraneo, y sobre todo el yacimiento griego más extenso. Selinunte es el nombre que dieron los romanos a la antigua Selinus griega. La belleza del lugar es tan sólo comparable con la de Segesta o Siracusa.

Ruinas de Selinunte

Pese a su aparente estado de degradación, una visita guiada nos permitirá hacernos a la idea de la importancia que tuvo en su momento la colonia griega. Los trabajos de recuperación del entorno, con la construcción de colinas artificiales en su perímetro, han buscado encontrar la calma que había perdido el parque con la construcción de una carretera cercana.

Historia de Selinunte

Según el historiador ateniense Tucídides, Selinunte fue fundada por colonos de Megara Hyblaea (en la costa oriental de Sicilia), en el siglo VII a.c, unos cien años después de la fundación de Megara. Su nombre deriva de una planta endémica de la zona, el Selinon o apio que crecía en la zona, y que figura en las monedas de la ciudad.

Durante este tiempo, la población creció hasta 25.000 habitantes, convirtiéndose en un potente centro comercial de la Magna Grecia, y una de las mayores ciudades helenísticas. Su situación privilegiada cerca del mar le permitía controlar el tráfico marítimo de la zona, a la vez que las tareas agrícolas y la cría de caballos consolidaba su economía.

Templos de Selinunte

Selinunte vivió un conflicto permanente con Segesta, ciudad aliada de Atenas, y cuya expansión no era compatible con la de Selinunte. Una vez derrotados los atenienses por los siracusanos, Segesta pidió ayuda a Cartago. En el 409 a.c. la ciudad fue asediada durante 9 dias por una armada de 100.000 cartagineses desembarcados en Sicilia. La derrota supuso para Selinunte 16.000 muertos y 5.000 prisioneros esclavizados, según los historiadores cohetaneos. Los templos fueron saqueados y muchos edificios parcialmente destruidos.

Pese a que destruyeron las murallas para evitar nuevas defensas de Selinunte, se permitió a los habitantes sobrevivientes que continuasen en la ciudad como tributarios de Cartago. Unos pocos miles, se establecieron en la ciudad bajo dirección de Hermócrates. En 405 a.C el tratado entre Cartago y Dionisio I de Siracusa confirmó a Selinunte como posesión cartaginesa, pero la ciudad ya no recuperó su antiguo poder. Además, durante la primera guerra púnica, fue de nuevo destruida en la huida de los cartagineses ante los romanos.

Posteriormente pequeñas comunidades de monjes heremitas habitaron los restos de la acrópolis en periodo bizantino, cayendo un velo de olvido sobre la gran ciudad griega, que incluso pudo sufrir algún terremoto que terminó por mermar los cimientos de la ciudad, hasta que en el siglo XVI, el historiador F. Fanzello la identifica de nuevo. No será hasta el siglo XIX cuando los trabajos de arquelogía saquen los restos a la luz.

Recinto arqueológico:

El complejo arqueológico actual se divide en cuatro zonas: Los Templos Orientales, La Acrópolis, La Ciudad Antigua, y el santuario de Malophoros. Hay que aclarar que los templos se nominalizan con letras ante la imposibilidad de catalogar con exactitud a la divinidad a la que honraban.

La cercana cantera de las Cavas de Cusa  ha permitido analizar el proceso de extracción de la piedra hasta los templos. Una excursión paralela a las Cavas, en un paraje de naranjos y olivos, nos transmite la grandiosidad de los trabajos de extracción de piedra  que quedaron paralizados drásticamente con la destrucción de Selinunte.

Cavas de Cusa

Pese a que es muy posible que nos perdamos varias veces para llegar a las canteras de Cusa, merece la pena el esfuerzo. Esparcidas en el campo, totalmente abandonadas y entre arbustos, higueras, almendros y olivos encontramos las canteras de los templos de Selinunte. Afortunadamente, la huida precipitada por el ataque de los cartagineses en el 409 a.c. provocó que el laboratorio de piezas destinadas a la construcción de Selinunte nos proporcione una idea de como extraían la piedra, e incluso de como la transportaban.

Canteras de cusa

Las Canteras poseen piezas a punto de extraerse, bien recortadas, y dispuestas para su transporte a Selinunte a 20 km mediante esclavos y bueyes gracias a unos rodillos de madera reforzados con hierro. También encontramos piezas rotas esparcidas por el campo y capiteles a medio trabajar, oquedades donde el vacío hace crecer la imaginación para dimensionar el magno trabajo de extracción.

Para llegar, o intentarlo al menos, debemos conducir 4 km al norte de Selinunte  hasta el cruce que va a Campobello de Mazara.  Después de atravesar la ciudad tomar el desvió hasta Tre Fontane siguiendo el camino unos 2 km. Al llegar un empedrado de unos 200 metros sin ningún sentido hace que tengamos que ir a 10 km/hora para no destrozar el coche.

Tareas de extracción de la piedra
Los Templos Orientales, en la entrada por el acceso del Este son los que mejor representan la importancia de Selinunte. El templo G, dedicado a la divinidad de Apolo o Zeus contaba con un peristilo de 46 columnas de 16 metros de altura por 10,5 de circunferencia, que le conferían un tamaño de unos 110 x 50 metros, siendo uno de los más grandes de la antigüedad y rivalizando en dimensiones con el Partenon de Atenas. Se inicio en el 580 a.c, y cien años después cuando la ciudad fue destruida, aún estaba inconcluso. Actualmente una columna restaurada en 1832 se erige solitaria para que los visitantes pueden intuir la grandeza del templo.
Selinunte Griega

A la izquierda del camino están los templos E, F, el segundo, además de ser el más pequeño es el peor conservado, dataría del 560 a.c y está asociado a la divinidad de Atenea. A su lado, el templo E, de estilo Dórico, pertenece al siglo V a.c., y por una inscripción sabemos que estuvo consagrado a Hera. Con unas medidas de 67 x 25 m, dispone de 6 columnas en el frontal y 14 en los laterales. El templo, que fue derruido por un terremoto, se rehízo en 1960 de una manera un tanto ortopédica, reintegrando los basamentos esparcidos por el suelo.

Reconstrucción Templo F

Siguiendo a pié el camino, siempre en dirección mar, la imagen de la acrópolis sobre el mar es una de las vistas más imborrables de Sicilia. La acrópolis, sobre una explanada irregular, fue otrora rodeada por muros y torres que le conferían un cariz defensivo ante la amenaza constante de Segesta. Los restos de seis templos definidos y una serie de templos y edificios de menor tamaño se articulaban sobre el plano de dos ejes perpendiculares. En la zona púnica hallamos restos de un área de sacrificios en cuyas losas se observa el signo de la Diosa Tanit.

Acrópolis de Selinunte

Los templos O y A, los más cercanos al mar, dóricos, de planta períptera exástila, se vinculan a Castor y Polux, y se fechan en el 490 a.C. Mientras el Megaron y el templo B, tienen columnas jónicas y friso dórico. Este último templo parece que se dedicó a Empédocles, filósofo de Agrigento y gestor de las obras de drenaje de Selinunte.

En la explanada de la acrópolis se alza el templo C, fechado en el siglo VI a.C. en congratulación con Apolo. En 1936, el mismo proceso de anastilosis del templo E. De estilo dórico arcaico, posee 6 columnas en el frontal y 17 en el lateral. Las metopas conservadas y una grandiosa máscara de Gorgona se exhiben en el museo de Palermo.

Retrocediendo hacia el norte, está el templo D, muy similar al anterior. Desde aquí accedemos a la parte de la acrópolis donde se ubicaban las viviendas, el mercado y los talleres artesanales. Junto a la entrada de la acrópolis, recientes excavaciones han permitido hallar restos de la  que paso a utilizarse como Necrópolis tras la destrucción de Selinunte en el 409 a.c.

Ya fuera, de la acrópolis en dirección Oeste atravesamos el río Modione, donde se ubicaba uno de los puertos de Selinunte, para visitar el santuario de Malophoros (siglo VI a.c), dedicado a Deméter, diosa de la fertilidad. Sus dos altares y el templo, con una fuente sagrada, conservaron su uso incluso después de la caída de la ciudad.