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Siracusa

Siracusa es sin duda una ciudad completa, combina una historia riquísima con la sostenibilidad de las ciudades que al afrontar el reto turístico acaban manteniendo su identidad.

Ortigia

Siracusa cuenta con uno de los patrimonios arquelógicos más ricos de Sicilia,con la península de la Ortigia, nucleo original de población de los corintios que fundaron la ciudad, el parque arqueológico de Neápolis con su anfiteatro romano, el teatro griego, las Latomias o canteras de piedra, la Oreja de Dionisio, y la gruta Dei Cordari, o la de los Capuchinos, donde en época griega los esclavos extraían los bloques de piedra caliza para la construcción de edificios y murallas.

Gruta Cordari
Teatro de  Siracusa

Frente a la entrada del museo arqueólogico de Siracusa, uno de los mayores errores arquitectónicos de sicilia, el Santuario de Santa Madonna de las Lagrimas, un edificio de 80 metros, horroroso, que evoca la lagrimación, un suceso insólito por la incredulidad que despierta, según el cual un cuadro de yeso de la virgen segrega gotas.

Las catacumbas de San Giovanni son una enrevesada red de laberintos subterraneos formada por 20.000 tumbas que ocupan una superficie de 10.000 cuadrados. Detras, en la vía Teocrito está el museo del Papiro y el Museo Arquelógico Regional Paolo Orsi.

Le península de la Ortigia conserva su dibujo de patios, callejuelas y plazoletas escondidas, vestidas con elegancia del corte arquitectónico barroco, tan reseñable en la Sicilia Oriental. Presidiendo la Piazza del Duomo con la iglesía de Santa Lucía alla Badia en un extremo, se ubica la catedral de Siracusa, con sus apacibles terrazas veraniegas.

Rincon de la Ortigia

Junto al mar y emanando agua dulce de forma natural, encontraremos la Fuente Aretusa, un estanque con patos, peces de diversas especies y plantas de papiro, y cuya leyenda de amor entre la Ninfa Aretusa y el Dios del río Alfeo, adorna el misticismo del lugar.

Puente de acceso a la Ortigia

Siguiendo el paseo marítimo llegamos al extremo de la Ortigia, donde el castillo Maniace, una fortaleza construida por Federico II en 1239, defiende la península siracusana.