Pupi – Marionetas Sicilianas

Opera dei pupi

La Opera dei Pupi, teatro de marionetas, apareció en Sicilia a principios del siglo XIX y tuvo un gran éxito entre las clases populares de la isla. Los marionetistas contaban las historias basándose, en la mayoría de los casos, en la literatura caballeresca medieval, en los poemas italianos del Renacimiento, en la vida de los santos o en la de los bandidos más famosos.

Los propios marionetistas improvisaban en gran parte los diálogos de sus representaciones. Las dos escuelas de marionetas más importantes de Sicilia, Palermo y Catania, se distinguen por el tamaño y la forma de sus marionetas, pero también por las técnicas de manipulación y por la variedad de los colores del escenario.

Estos teatros eran a menudo negocios familiares, y las tradiciones y las técnicas solían transmitirse de generación en generación. Sin embargo, los marionetistas abandonaron la concepción, la fabricación y la pintura de las marionetas, muy sofisticadas y con expresiones de gran intensidad, dejando este trabajo en manos de artesanos especializados que empleaban técnicas tradicionales.

Los marionetistas siempre intentaban superarse en la interpretación de su arte y ejercían una gran influencia sobre su público. Antaño, estas representaciones se distribuían a lo largo de varias veladas y brindaban a las clases populares la oportunidad de salir y de hablar de los temas del día. Esta forma de teatro reflejaba el sentimiento de pertenencia de los sicilianos y la conciencia que tenían de su identidad.

Pupo

Riesgos de desaparecer:

Los trastornos económicos y sociales fruto del extraordinario crecimiento económico de los años cincuenta alteraron considerablemente este arte, amenazándolo en sus propias bases. Otras formas semejantes de teatro del resto de Italia desaparecieron en la misma época, para resurgir unos veinte años más tarde. La Opera dei pupi constituye pues el único ejemplo de tradición ininterrumpida de esta forma de teatro.

Actualmente, los progresos técnicos, y en particular la televisión, han alejado a muchos sicilianos de este tipo de representaciones. Como las dificultades económicas ya no permiten a los marionetistas vivir de su arte, éstos se orientan hacia profesiones más lucrativas. El turismo ha contribuido a disminuir la calidad de los espectáculos que normalmente se destinaban a un público local.

A principios del ochocientos se consolidó en Sicilia un tipo de teatro de figura caracterizado por el empleo de una marioneta particular a la cual se la denominó “pupo”.

Los “pupi” son figuras que se manipulan mediante una varilla de hierro que se sitúa en el centro de la cabeza atravesándola de parte a parte. El extremo final se une al torso gracias a un gancho que pasa a través de un anillo, permitiendo así imprimir el movimiento que es transmitido directamente por el manipulador con gran fuerza y energía.

El repertorio que se representaba estaba especializado en el ciclo carolingio, en las hazañas de los paladines de Francia con Orlando, roldan Carlomagno o el conde normando Roger a la cabeza.

Las representaciones estaban dirigidas a las clases más humildes de la sociedad encontrando un gran suceso entre las mismas.

El teatro de pupi tuvo dos epicentros fundamentalmente, uno localizado en Catania y el otro en Palermo dando lugar a dos escuelas que se diferenciaban en la tipología de los pupi (dimensión, manipulación, mecanismo) y por algunos aspectos de la representación.

Opera dei pupi

La tradición palermitana se difundió en la zona centro- occidental de la isla, mientras que la catanesa encontró su dimensión en la parte oriental.

Respecto al origen de la tradición no resulta fácil hablar sobre la misma, ya que sobre ella se extiende un halo de misterio, a pesar de la cantidad de estudiosos que han tratado de verter luz con sus investigaciones ya desde finales del siglo XIX.

Entre ellos el folklorista Giuseppe Pitrè, al que siguieron posteriormente en el siglo XX estudiosos de Antropología y Filología (Salvatore Lo Presti, Achille Mazzoleni, Ettore Li Gotti, Antonio Ucello, Antonio Buttitta y sobre todo Antonio Pasqualino) a pesar de sus esfuerzos no se ha podido establecer con certeza dónde y cuándo nace este tipo de espectáculo todavía hoy vivo en Sicilia.

Lo que si se sabe es que las primeras representaciones de tema caballeresco, mediante el uso de marionetas, tuvieron lugar en España a finales del siglo XVI como así consta en la gran obra de Cervantes El Quijote. Habrá que esperar el siglo XIX para tener noticias del mismo tipo de argumento en Italia (Modena, Roma, Nápoles, Puglia, y Sicilia) y en el territorio nord-europeo: Lieja. Parece ser que las marionetas armadas de espada y escudo llegaron hasta los Fiordos de manos de un italiano en 1854.

El gran suceso de la “opera dei pupi” se mantuvo en Roma hasta finales del siglo XIX, mientras que en Sicilia, Campania y Puglia continuó en auge hasta los años 50 del siglo XX, momento en el que entra en una profunda crisis como consecuencia de la competencia que ejerce la industria del espectáculo: el cine y la televisión, obligando a muchos “pupari”(manipuladores) a abandonar la profesión y vender sus marionetas dedicándose a otras actividades.

La “Opera dei Pupi” actualmente sigue con vida en Sicilia donde los herederos de las últimas familias de “puparos” garantizan la continuidad de la tradición.

Durante el período de crisis más profundo, principios de los 60, el interés por parte de las instituciones políticas y académicas para la salvaguardia de la “opera dei pupi”, fue estimulado por los estudios y las actividades de promoción cultural llevadas a cabo por el profesor Antonio Pasqualino y su esposa Janne Vibaek. El duro esfuerzo realizado en la investigación, y la protección del teatro “dei pupi” desembocó en un primer momento en la fundación de la Asociación para la conservación de las tradiciones populares (Palermo 1965) y posteriormente en la creación del Museo de las Marionetas (Palermo 1975, desde 1996 está dedicado a Antonio Pasqualino).

En la etapa de decadencia para el teatro dei pupi, cuando los “oprantes” se vieron obligados a vender sus pertenencias teatrales fue cuando la labor de Pasqualino y Vibaek cobró mayor importancia ya que la pasión que ellos sentían por este arte les llevó no sólo a coleccionar todo tipo de objetos que tenían que ver con este mundo, sino también a realizar un estudio sobre los teatros que en ese momento eran activos y que realizaban representaciones en los pueblos.

Documentaron cientos de espectáculos (con grabaciones sonoras y servicio fotográfico) elaboraron entrevistas dirigidas tanto a los manipuladores como al público. Esta ardua labor de investigación fue conducida con gran paciencia durante más de 15 años (desde finales de los 50 hasta 1975) y permitió verter luz sobre una forma de teatro donde destacaba especialmente la peculiaridad escénica y el valor socio-cultural. Su trabajo sirvió de estimulo para que los “opranti” continuaran trabajando para un nuevo público, que nada tenía que ver con aquél tradicional.

Con la creación del Museo, instituido por la Asociación en 1975, se trataron de conciliar las razones de la investigación científica con la notable articulación que se estaba produciendo en la actividad teatral La colección del Museo se extendió a otro tipo de tradiciones marionetísticas italianas, incluyendo marionetas europeas y extra-europeas, de modo que los “pupi” sicilianos pudieran ser apreciados con pertinencia dentro de un cuadro comparativo. Esta prospectiva trans-cultural ha caracterizado la organización anual de encuentros y espectáculos de marionetas, ofreciendo a los “pupari” un punto de referencia estable, poniéndoles en contacto con compañías provenientes de lugares lejanos, y con otras tradiciones y escuelas italianas y europeas.

Actualmente en Sicilia existen teatros de pupi activos en Palermo, Catania, Acireale, Siracusa, Licata, Alcamo, y Partinico. El público incluido también el internacional, acoge con entusiasmo este tipo de espectáculos y así ha quedado demostrado en encuentros y festivales, donde han participado importantes compañías de gran prestigio entre las que destacan las palermitanas de Mimo Cuticchio y Girolamo Cuticchio o la catanesa de los Hermanos Napoli (a ésta última en 1978, le concedieron en Amsterdam, el importante premio Erasmo)

La “opera dei pupi” supuso el tipo de entretenimiento popular por excelencia durante casi un siglo y medio, contando con mayor aceptación en Sicilia. En las ciudades y en los centros habitado más grandes existían compañías estables, mientras que en las provincias de menor envergadura y en los pueblecitos, los “pupari” realizaban representaciones ocasionales o permanecían durante algún tiempo ofreciendo los espectáculos requeridos por el público.

Antiguos almacenes servían como espacio para dar cabida a los teatros, en el interior de los cuales, se disponían bancos de madera con una capacidad para albergar a unas doscientas personas en el caso catanés y un centenar en los teatros palermitanos. Las paredes se cubrían con carteles que representaban escenas libremente tratadas de las propias obras.

Los espectadores eran exclusivamente hombres y niños. El argumento era de tipo caballeresco basado en el ciclo carolingio, el cual se interrumpia en fechas particulares como la Navidad o la Semana Santa, para dar paso a temas religiosos: la Natividad y la Pasión de Nuestro Señor. Entre otros argumentos se incluían la vida de algunos santos e historias de bandidos célebres.

Dichas temáticas se prestaban a fijar modelos de comportamiento en el público asistente (rectitud, honor, destreza coraje, fuerza, lealtad, generosidad…) y afirmaban valores positivos como el triunfo del bien sobre el mal, de la justicia sobre la injusticia, del cristianismo sobre el paganismo, de la vida sobre la muerte, del cosmos sobre el caos.

Sobre este tipo de espectáculo influyó en gran medida el modo de operar de los “contastorie”,( contadores de historias), que solían declamar durante un año episodios de la “Chanson de geste” del ciclo carolingio (que se habían filtrado a través de los poemas y romances italianos del siglo XVI Y XVI). Los espectáculos de pupi también estaban articulados por ciclos divididos en episodios, los cuales se representaban cada día en el arco de un año.

Asistir alli “opra” era una especie de liturgia, un rito que se repetía cada tarde; sacrificando algunas monedas participaban con entusiasmo a las aventuras de sus héroes. Éstas eran consideradas “reales” y como tales susceptibles de auténticas reacciones, como revela Antonio Pasqualino: “Las reacciones contra el traidor (Gano de Magonza) todavía hoy pueden ser de tipo violento. En una ocasión nos contaron como un espectador en Gela acudió a casa del “puparo” y adquirió el pupo que representaba a Gano de Magonza, lo colgó de un árbol y le disparó con una pistola. Al día siguiente cuando acudió a presenciar el episodio de la “opera dei pupi” y vio aparecer en escena un nuevo Gano, enloqueció y no conseguía entender cómo era posible que estuviera allí, ya que él mismo con sus propias manos lo había hecho saltar en mil pedazos.