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Ruta por la mitología griega y romana de Sicilia

Sicilia fue, por su estratégica ubicación en el Mediterraneo, la perfecta base y asentamiento para que las grances culturas clásicas la utilizaran como asentamiento en la circunavegación de las costas del Mare Nostrum.

Fenicios, cartagineses, griegos y romanos quedaron embaucados por sus riquezas naturales, y gracias a los textos de sus literatos sabemos del fascinante mundo mitológico que crearon. La aridez de paisajes insalubres como Vulcano, o la ferocidad de otros como el Etna, o los fuertes vientos de las Eolias, sirvieron para dar rienda suelta a las aventuras de heroes y dioses.

EOLIAS – Eolo y Ulises

Homero transportó en la Iliada a su heroe Ulises a las Eolias. Él y su tripulación llegaron a la isla del dios del viento, la actual Vulcano. Eolo encerró los vientos en un odre que entregó a Ulises para que pudiera volver sin dilación a Ítaca. La lástima fue que los amigos de Ulises no respetaron las órdenes tajantes que había dado Eolo, y movidos por la curiosidad, abrieron el odre, liberando de este modo los vientos y el temporal que acabaron por llevarles muy lejos de su destino

“Me entregó un pellejo de buey de nueve años que él había desollado, y en él ató las sendas de mugidores vientos, pues el Cronida le había hecho despensero de vientos, para que amainara o impulsara al que quisiera. Sujetó el odre a la curvada nave con un brillante hilo de plata para que no escaparan ni un poco siquiera, y me envió a Céfiro para que soplara y condujera a las naves y a nosotros con ellas. Pero no iba a cumplirlo, pues nos vimos perdidos por nuestra estupidez.”

ETNA – Polifemo, Aci y Galatea

Cuenta la leyenda que Zeus en su lucha contra los Titanes arrojó a Tifón al volcán, y que así se transformó la boca del monstruo en el cráter, y que escupe la lava cuando se enfada, y ruge en los terremotos. También el gigante Polifemo habitó las laderas del Etna, donde vivía cuidando su pasto de ovejas y cabras.

Polifemo

Cegado por la belleza de Galatea, una nereida (ninfas del mar), mató a Acis, un pastor siciliano, cuya sangre se convirtió en río, y que dió lugar a las siete localidades que llevan su prefijo. Más sobre la historia de Acis y Galatea.

SIRACUSA- Alfeo y Aretusa

En la península de Ortigia, en Siracusa, se sucedió otro episodio de la mitología griega, el amor por la ninfa Aretusa. El río Alfeo se enamoró perdidamente de ella, pero Aretusa, que se había prometido permanecer siempre virgen, pidió auxilio a su compañera Artemisa, que la transformó en corriente de agua para que huyera así de las solicitudes del dios. Cuando se vio totalmente acorralada, Aretusa dirigió su curso bajo el mar y apareció en la isla de Ortigia, generando el manantial que lleva su nombre, cerca de Siracusa. Queriendo aún así materializar su amor, el río Alfeo mezcló desde entonces sus aguas con las de la fuente Aretusa. La ninfa fue divinizada por los habitantes del lugar, que le dedicaron numerosa poesía bucólica y la representaron en las monedas rodeada de delfines.

ENNA – Proserpina

Proserpina era la hija de Ceres y Júpiter, y se le describía como una joven sumamente encantadora. Venus, para dar amor a Plutón, envió a su hijo Amor (también conocido como Cupido) para que acertase a Plutón con una de sus flechas. Proserpina estaba en Sicilia, en el lago Pergusa (cerca de Enna), donde se bañaba, jugaba con algunas ninfas y recogía flores. Entonces Plutón surgió del cercano volcán Etna con cuatro caballos negros y la raptó para casarse con ella y vivir juntos en el Hades, el inframundo grecorromano, del que era gobernante.

Su madre Ceres, diosa de los cereales o la Tierra, la buscó en vano por todos los rincones del mundo, pero sólo halló un pequeño cinturón que flotaba en un pequeño lago (hecho con las lágrimas de las ninfas). En su desesperación Ceres detuvo enfurecida el crecimiento de frutas y verduras,y se arrancó los vestidos y se arañó la cara, cayendo así una maldición sobre Sicilia. Ceres rehusó volver al Olimpo y empezó a vagar por la tierra, convirtiéndose en desierto lo que pisaba. Perdió su hoz en la ciudad de Trápani.

Preocupado, Júpiter envió a Mercurio para que ordenar a Plutón que liberase a Proserpina. Éste obedeció, pero antes de dejarla ir le hizo comer seis semillas de granada (un símbolo de fidelidad en el matrimonio), de forma que tuviese que vivir seis meses al año con él, pudiendo permanecer el resto con su madre. Ésta es pues la razón de la primavera: cuando Proserpina vuelve con su madre, Ceres decora la tierra con flores de bienvenida, pero cuando en el otoño vuelve al Hades, la naturaleza pierde sus colores.

En otra versión de la historia, Proserpina comía sólo cuatro semillas de granada durante su rapto, y lo hacía por propia voluntad. Cuando Júpiter le ordenaba regresar, Plutón hacía un trato con él, diciendo que como Proserpina había robado sus semillas de granada, debía permanecer cuatro meses con él cada año en compensación. Por esta razón, en primavera cuando Ceres recibía a su hija, las cosechas brotaban y en verano florecían. En el otoño Ceres cambiaba las hojas a tonos de marrón y naranja (sus colores favoritos) como regalo para Proserpina antes de que volviese al inframundo. Durante la época en la que ésta vivía con Plutón, el mundo pasaba el invierno, una época en la que tierra era estéril.

El mito de Proserpina, descrito principalmente por el romano Claudiano (siglo IV) está estrechamente relacionado con el de Orfeo y Eurídice: es Proserpina, como Reina del Hades, quien permite a Orfeo entrar y llevar de vuelta a la vida a su esposa Eurídice, muerta por una mordedura de serpiente. Proserpina tocaba su cetra para aplacar a Cerbero, pero Orfeo no respetaba su orden de nunca mirar atrás y perdía así a Eurídice.